Dentro de mis trabajos hay pinturas y dibujos que puedo llamar figurativos porque aparecen elementos representados de modo cercano a la realidad. Sin embargo, no imito las formas y colores de lo que veo sin más. De hecho, no trato de emular la naturaleza o lo inerte sin aportar mi propia visión y reinterpretación. Por esta razón, en muchos casos desarrollo la obra a caballo entre lo figurativo, lo simbólico y lo abstracto. Las siguientes obras son algunos ejemplos.
Datos de la obra por orden de aparición: 1 Muy pronto Valencia, まもなくバレンシア (Mamonaku Valencia). Pigmento mineral, 61x45 cm, 2002. Colección privada. 2 Red en el agua, 水に網 (Mizu ni ami). Pigmento mineral, 45x61 cm, 2002. Colección privada. 3 Canción de origami, 折り紙の歌 (Origami no uta). Pigmento mineral, 44 x 51 cm, 2004. 4 Tradición, 伝統 (Dentou). Pigmento mineral, díptico, 45 x 45 cm, 2004. Colección privada. Los títulos en japonés corresponden a obras realizadas en Japón.
Las piezas de la derecha dan forma a un díptico titulado Tradición que formó parte, originalmente, de la instalación El color del corazón, expuesta en la Facultad de Bellas Artes de Okinawa, en el año 2004.
A la derecha aparece la mujer moderna, del Japón de hoy, que
conserva las tradiciones.
La figura de la izquierda podemos suponer que es un actor del teatro japonés, el teatro Nō (Noh). Sin embargo, con sólo observar la imagen no podemos determinar el sexo de la persona que lleva la máscara. Aunque es fácil pensar que es una mujer, podría ser un hombre que encarna el papel de mujer como marcaba la tradición. En realidad es una mujer que contradice normas y representa el papel que correspondería a un hombre.
Esta ambigüedad invita al debate entre lo masculino y lo femenino, así como el rol social de ambos sexos, dentro del discurso del género. Al mismo tiempo, la obra refleja el respeto a la tradición, tan presente en la cultura japonesa.
Coffe Time está pintado sobre washi, con pigmento de minerales y polvo de cobre y plata, montado en bastidor. Representa un momento de tranquilidad, de ensoñación. Tomando un café, de repente, surgen recuerdos inconexos, unidos por extrañas coincidencias entre la cotidianidad y los acontecimientos inesperados.
En esta pintura la imaginación corre libremente, mientras creo un escenario donde se refleja el devenir de la vida. Así he pintado un mundo paralelo, sutilmente real; a veces incluso un tanto naïf.
Mi habitación surgió como en un sueño. Y en el fluir entre la abstracción y la figuración apareció lo fantástico. Es un terreno en el que la imaginación habita en la ensoñación. Así surge la reinterpretación de los objetos cotidianos y las imágenes se precipitan hablando por sí mismas, anticipándose a la palabra. Es decir, describen el proceso mental de la persona que crea, que pinta, aun cuando no es consciente del mensaje que quiere transmitir hasta pasado un tiempo de haber comenzado la obra.
Originalmente, Cofee time y Mi habitación formaron también parte de la instalación El color del corazón.